Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte.
Mateo 27
66 versiculos
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Versiculos
Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.
Muerte de Judas
Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvióarrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,
diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Quénos importa a nosotros? ¡Allátú!
Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.
Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre.
Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros.
Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre.
Asíse cumpliólo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel;
y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenóel Señor. (Mr. 15.2-5; Lc. 23.3-5; Jn. 18.33-38)
Pilato interroga a Jesús
Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres túel Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Túlo dices.
Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió.
Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
Pero Jesús no le respondióni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho. (Mr. 15.6-20; Lc. 23.13-25; Jn. 18.38--19.16)
Jesús sentenciado a muerte
Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen.
Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás.
Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo?
Porque sabía que por envidia le habían entregado.
Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandódecir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.
Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.
Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.
Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haréde Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!
Y el gobernador les dijo: Pues ¿quémal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!
Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomóagua y se lavólas manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allávosotros.
Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.
Entonces les soltóa Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregópara ser crucificado.
Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía;
y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata,
y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!
Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.
Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. (Mr. 15.21-41; Lc. 23.26-49; Jn. 19.17-30)
Crucifixión y muerte de Jesús
Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz.
Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera,
le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.
Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sísus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre símis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.
Y sentados le guardaban allí.
Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.
Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.
Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza,
y diciendo: Túque derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.
De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían:
A otros salvó, a símismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.
Confióen Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.
Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.
Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
Cerca de la hora novena, Jesús clamóa gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por quéme has desamparado?
Algunos de los que estaban allídecían, al oírlo: A Elías llama éste.
Y al instante, corriendo uno de ellos, tomóuna esponja, y la empapóde vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber.
Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.
Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregóel espíritu.
Y he aquí, el velo del templo se rasgóen dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;
y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;
y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.
El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.
Estaban allímuchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole,
entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. (Mr. 15.42-47; Lc. 23.50-56; Jn. 19.38-42)
Jesús es sepultado
Cuando llególa noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús.
Este fue a Pilato y pidióel cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandóque se le diese el cuerpo.
Y tomando Joséel cuerpo, lo envolvióen una sábana limpia,
y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.
Y estaban allíMaría Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.
La guardia ante la tumba
Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato,
diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.
Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitóde entre los muertos. Y seráel postrer error peor que el primero.
Y Pilato les dijo: Ahítenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.
Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia. (Mr. 16.1-8; Lc. 24.1-12; Jn. 20.1-10)