Cuando descendióJesús del monte, le seguía mucha gente.
Mateo 8
34 versiculos
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Versiculos
Y he aquívino un leproso y se postróante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
Jesús extendióla mano y le tocó, diciendo: Quiero; sélimpio. Y al instante su lepra desapareció.
Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenóMoisés, para testimonio a ellos. (Lc. 7.1-10)
Jesús sana al siervo de un centurión
Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole,
y diciendo: Señor, mi criado estápostrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.
Y Jesús le dijo: Yo iréy le sanaré.
Respondióel centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente díla palabra, y mi criado sanará.
Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;
mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allíseráel lloro y el crujir de dientes.
Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora. (Mr. 1.29-34; Lc. 4.38-41)
Jesús sana a la suegra de Pedro
Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre.
Y tocósu mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía.
Y cuando llególa noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echófuera a los demonios, y sanóa todos los enfermos;
para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomónuestras enfermedades, y llevónuestras dolencias. (Lc. 9.57-62)
Los que querían seguir a Jesús
Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandópasar al otro lado.
Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiréadondequiera que vayas.
Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.
Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos. (Mr. 4.35-41; Lc. 8.22-25)
Jesús calma la tempestad
Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron.
Y he aquíque se levantóen el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía.
Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!
El les dijo: ¿Por quéteméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendióa los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.
Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Quéhombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? (Mr. 5.1-20; Lc. 8.26-39)
Los endemoniados gadarenos
Cuando llegóa la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino.
Y clamaron diciendo: ¿Quétienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acápara atormentarnos antes de tiempo?
Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos.
Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos.
El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitóen el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas.
Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.
Y toda la ciudad salióal encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos. (Mr. 2.1-12; Lc. 5.17-26)