Entonces, entrando Jesús en la barca, pasóal otro lado y vino a su ciudad.
Mateo 9
38 versiculos
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Versiculos
Y sucedióque le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.
Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.
Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por quépensáis mal en vuestros corazones?
Porque, ¿quées más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?
Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.
Entonces él se levantóy se fue a su casa.
Y la gente, al verlo, se maravillóy glorificóa Dios, que había dado tal potestad a los hombres. (Mr. 2.13-17; Lc. 5.27-32)
Llamamiento de Mateo
Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantóy le siguió.
Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquíque muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.
Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Porquécome vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. (Mr. 2.18-22; Lc. 5.33-39)
La pregunta sobre el ayuno
Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por quénosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo estácon ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les seráquitado, y entonces ayunarán.
Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.
Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente. (Mr. 5.21-43; Lc. 8.40-56)
La hija de Jairo, y la mujer que tocóel manto de Jesús
Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postróante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.
Y se levantóJesús, y le siguiócon sus discípulos.
Y he aquíuna mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercópor detrás y tocóel borde de su manto;
porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, serésalva.
Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.
Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto,
les dijo: Apartaos, porque la niña no estámuerta, sino duerme. Y se burlaban de él.
Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomóde la mano a la niña, y ella se levantó.
Y se difundióla fama de esto por toda aquella tierra.
Dos ciegos reciben la vista
Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!
Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor.
Entonces les tocólos ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.
Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargórigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.
Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.
Un mudo habla
Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado.
Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.
Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
La mies es mucha
Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.
Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. (Mr. 3.13-19; Lc. 6.12-16)